FC Barcelona y Real Madrid se vieron por última vez esta temporada en el Nou Camp. El mejor partido que se puede ver en el fútbol internacional estuvo condicionado por el lamentable arbitraje del canario Hernández Hernández quién, pese a regalarle un punto y el récord de imbatibilidad a los culés, provocó las iras del público blaugrana, acostumbrados a un cuarto de siglo de Victoriano Sánchez Arminio enviando árbitros favorables a su intereses.

Un Clásico nunca es intrascendente

Luís Suárez se encara con Sergio Ramos protestando una falta del camero. Minutos más tarde, Lionel Messi iría a lesionar al central español para vengar la afrenta.

Luís Suárez se encara con Sergio Ramos protestando una falta del camero. Minutos más tarde, Lionel Messi iría a lesionar al central español para vengar la afrenta.

Pese a haber acabado una Liga más como el equipo más beneficiado del campeonato, los culés cerraron la primera mitad recuperando todo ese victimismo caduco que suele sacar siempre ante los Blancos. La razón fue la expulsión de Sergi Roberto antes del descanso. El canterano “tan sólo” golpeó en la cara a Marcelo, por la espalda. El árbitro le sacó una justa tarjeta roja, que también había podido ver Rakitic en el primer minuto. De esa no se acordaban los locales.

Toda la ira barcelonista se condensaba en la jugada en la que Gareth Bale entró sobre Umtiti y que debió ver la tarjeta roja. El árbitro se equivocó en esa acción. La única contraria al Barça.

En el túnel de vestuarios, el jugador más consentido del mundo, el Bota de Oro de las quejas y los llantos, Lionel Andrés Messi, amedrentó al árbitro de una forma casi barriobajera. Fue tal el cúmulo de quejas y protestas por la actuación del canario en esa primera parte, que el árbitro no sólo no le expulsó, si no que salió acongojado en el segundo tiempo.

El Aytekin canario

Esta entrada de Jordi Alba sobre Marcelo no fue sancionada con penalti en un partido con un arbitraje lamentable.

Esta entrada de Jordi Alba sobre Marcelo no fue sancionada con penalti en un partido con un arbitraje lamentable.

Con la expulsión de Sergi Roberto en la memoria, la segunda mitad empezó calentita. Messi ya había entrado en plancha a Sergio Ramos tras un forcejeo de éste con su amigo del alma, Luís Suárez. Debió ser expulsado por intentar lesionar al camero, pero se quedó en amarilla. Para desgracia del rosarino, Ramos sí jugará la final de la Champions League.

Como no había sido ya bastante dislate arbitral, una falta clamorosa de Suárez sobre Varane (reconocido en tv por el propio uruguayo) acabó en el tanto de Messi que ponía el 2-1 en el marcador.

Sin Cristiano Ronaldo, lesionado en la jugada del primer gol blanco (minuto 14), el Real Madrid no sólo no se echó atrás si no que, tras empatar con un gran gol de Gareth Bale, debió ganar en Barcelona. No lo hizo porque aún con los gritos de Messi en su cara, Hernández Hernández no pitó un penalti tan clamoroso que los Boixos Nois de “El Partidazo” de Movistar TV gritaron al verlo en directo. Hasta Michael Robinson lo reconoció.

El fin de una época culé

Reparto de puntos en un Clásico marcado por el arbitraje de Hernández Hernández.

Reparto de puntos en un Clásico marcado por el arbitraje de Hernández Hernández.

Bale volvió a buscar la roja y acabó el partido no se sabe muy bien cómo. En ese se pueden escudar los culés para justificar algo tan evidente que clama al cielo.

Se acaba una época en el fútbol español. La de Villar y Sánchez Arminio. Empieza una nueva, con otros dirigentes, el VAR y esperamos que nuevas caras en la retransmisiones deportivas. Para el Barça quedó la celebración de un doblete que, le pese a quién le pese, cualquier aficionado cambiado con los ojos cerrados por la posibilidad de ganar la Champions League el próximo 26 de mayo en Kiev.

¡ Buenas Apuestas !